El barco

El llaut mallorquín: historia viva del Mediterráneo

El llaut no es solo una barca: es la memoria flotante de Mallorca.

Su origen se hunde en la época de Al-Ándalus, cuando los árabes dominaron las Baleares. De ellos heredó tanto su nombre (al-awd) como su concepto: una embarcación ligera, estable y adaptable a un mar cambiante. Más tarde, los maestros de ribera cristianos perfeccionaron su forma hasta convertirlo en el llaut que hoy reconocemos.

Durante siglos, cada cala, cada puerto pequeño y cada familia marinera tuvo su llaut. Era el vehículo de la supervivencia:
servía para la pesca, el transporte de mercancías, el correo entre pueblos costeros, el contrabando ocasional, e incluso para el cortejo amoroso entre islas.

No había dos iguales. Cada maestro constructor imprimía su carácter: la curvatura de la proa, el grosor de la quilla, la altura del francobordo. Un llaut se reconocía casi como se reconoce a una persona.

Barco humilde, vida dura

Los pescadores salían de madrugada con vela latina o a remo. En invierno, el mar castigaba sin piedad. Muchos llauts no regresaban, y con ellos se perdían hombres, padres, hijos. Por eso el llaut siempre estuvo rodeado de respeto casi religioso.

Antes de botarlo, se bendecía.
Se le daba nombre.
Y se hablaba de él como de un ser vivo.

Un llaut no se abandonaba: se reparaba, se heredaba, se remendaba una y otra vez.

Del trabajo al símbolo

Con la llegada de los motores, el turismo y la industrialización, el llaut dejó de ser necesario… pero nunca dejó de ser amado.

Lo que antes era pobreza, pasó a ser elegancia.
Lo que antes era esfuerzo, pasó a ser patrimonio.

Hoy el llaut es un icono cultural: regatas de vela latina, restauraciones artesanales, museos flotantes, y embarcaciones modernas que imitan su forma clásica con tecnología actual.

Sigue siendo, quizá, la embarcación que mejor representa el espíritu mallorquín:
sobrio, resistente, hermoso sin ostentación.

El llaut y el mallorquín

El mallorquín se reconoce en el llaut:
no presume, pero aguanta;
no corre, pero llega;
no grita, pero permanece.

Por eso, cuando un llaut navega hoy frente a la costa, no es solo un barco:
es una historia entera pasando lentamente sobre el agua.

El Tomeu II: tradición que aprendió a soñar en moderno

El Tomeu II no es un llaut cualquiera.
Es, de hecho, el llaut de recreo más grande jamás construido en Baleares.
Una afirmación que no es orgullo: es historia.

Construido en 1991 en los legendarios astilleros Curret de Alcúdia, lleva en su propio nombre la huella de su creador: el maestro carpintero naval Tomeu Curret, heredero de una estirpe de constructores que sabían escuchar al mar antes de cortar la madera.

Con sus 52 pies de eslora y casi 30 toneladas de desplazamiento, el Tomeu II nació por encargo del Doctor Solivellas, no como un simple barco, sino como una obra destinada a perdurar.

Y lo consiguió.

Un llaut que evolucionó sin perder el alma

Desde su botadura, el Tomeu II ha sido remodelado con respeto, nunca con traición.
Cada reforma lo ha acercado más a un barco moderno sin arrancarle su espíritu tradicional.

Hoy navega equipado con:

  • GPS, radar y sonda de última generación.
  • Piloto automático para largas singladuras.
  • Conectividad wifi vía Starlink, incluso lejos de la costa.
  • Sistemas completos de seguridad: balsa salvavidas, chalecos, radiobalizas y comunicaciones de emergencia.

Todo lo que exige el siglo XXI… instalado sobre una quilla que aún recuerda el siglo pasado.

Potencia, autonomía y libertad

El Tomeu II monta dos motores Cummins de 210 CV, que le dan potencia sobrada para gobernar su peso con nobleza. A ello se suma una embarcación auxiliar que amplía su radio de exploración.

Con 3.000 litros de combustible y 1.500 litros de agua, el barco no depende del puerto: el puerto depende de él.

Y como todo navegante moderno con conciencia marinera, el Tomeu II es energéticamente independiente gracias a:

  • Placas solares.
  • Baterías de litio de alta capacidad.
  • Silencio, autonomía y respeto por el mar.

Una proa convertida en símbolo

Hay barcos que se recuerdan.
Y hay barcos que se convierten en imagen.

La proa del Tomeu II fue elegida como fotografía de portada del libro “Mestres d’Aixa”, la obra de referencia sobre los grandes carpinteros de ribera de Baleares. No como casualidad, sino como reconocimiento: su silueta resume mejor que cualquier palabra lo que significa el oficio, la tradición y la excelencia.

Desde entonces, esa proa no es solo madera y forma: es patrimonio gráfico de la historia naval balear.

Alcudiamar: su hogar

Su puerto base es Alcudiamar, en el puerto de Alcúdia.
Desde allí, el Tomeu II abre rutas hacia calas, acantilados y rincones que solo existen para quienes los miran desde el mar.

Lugares que no aparecen en carreteras.
Lugares que no se entienden desde tierra.
Lugares que solo un barco con alma puede revelar.

Más que un barco

El Tomeu II no es solo una embarcación.
Es un puente entre generaciones.
Entre el martillo del maestro de ribera y el satélite en órbita.
Entre la vela latina que ya no lleva y el radar que ahora lo guía.

Es la prueba de que la tradición no muere cuando evoluciona:
muere solo cuando se olvida.

¿Preparado para zarpar?

Cuéntanos fechas e idea de plan. Te proponemos la mejor experiencia para vuestro día en el mar.